Sentir emoción por mis propios sentimientos, es tan legítimo como la emoción que expreso y siento por los demás; de no ser así, me parecería una estafa a mí misma. No por ser más fuerte psíquica, o físicamente, significa que los sentimientos sean más pequeños, e inexistentes, así no corre una gota de sangre por las venas.

Si me estafo a mi misma por negarme a sentir, y, a demostrar las emociones que vienen conmigo de fábrica, y me acompañarán en el camino que recorro impregnadas en mi alma hasta la eternidad; estoy convencida, sentiré un enorme vacío en el corazón que no voy a poder recuperar jamás, y es más que un palpito pensar así.
Alegría, gratitud, serenidad, interés, orgullo, diversión, asombro, amor… ¿Emociones de las que me tengo que abstener, por algún motivo extremo? Rotundamente, no.

Sólo si hago uso de mi legitimidad emocional, y acepto el hecho de poder emocionarme, nadie podrá juzgarme, ni proclamar como una estafa mis sentimientos.
Sólo si hago uso de mi alma, no habrá ninguna autoridad que rompa la naturalidad afectiva que muestro con mis sentimientos, y por ello no he dejado de hacerlo nunca, pues, lo hago de pleno derecho, y deseo.